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martes, 25 de junio de 2013

EL ARCANGEL SAN MIGUEL



 

Miguel (Mi-kha-el) significa Quién como Dios. Algunos han visto a san Miguel en la aparición a Josué, pues se presenta con una espada desnuda en la mano, tal como se representa a san Miguel. Le dijo a Josué:
 
"Soy un príncipe del ejército de Yahvé… Descalza tus pies, porque el lugar que pisas es santo (Jos 5, 13-15).
 
Cuando el profeta Daniel tuvo una visión y quedó como muerto, dice:
 
"Pero Miguel, uno de los príncipes supremos, vino e mi ayuda y yo prevalecí allí sobre los reyes de Persia (Dan 10, 13).
Y uno que parecía un hijo de hombre le habló y le dijo: Yo te daré a conocer lo que está escrito en el libro de la verdad. Nadie me ayuda contra ellos, si no es Miguel, vuestro príncipe (Dan 10, 21)".
Entonces se alzará Miguel, el gran príncipe, el defensor de los hijos de tu pueblo, y será un tiempo de angustia tal como no lo hubo desde que existen las naciones hasta ese día (Dan 12, 1)".
 
En el Nuevo Testamento se dice en la carta de san Judas Tadeo:
 
"El arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo contendiendo sobre el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir un juicio injurioso, sino que dijo: Que el Señor te reprenda (Jud 9)".
 
Pero, sobre todo, es en el capítulo 12 del Apocalipsis, donde aparece claramente su misión de capitán de los ejércitos angélicos en su lucha contra el diablo y sus demonios.
 
"Hubo una batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles peleaban contra el dragón, y peleó el dragón y sus ángeles y no pudieron triunfar ni fue hallado su lugar en el cielo. Fue arrojado el dragón grande, la antigua serpiente, llamada diablo y Satanás, que extravía a toda la redondez de la tierra y fue precipitado a tierra, y sus ángeles fueron precipitados con él. Y oí una voz en el cielo que decía: Ahora llega la salvación, el poder, el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Pero ellos lo han vencido por la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio y menospreciaron su vida hasta morir (Apoc 12, 7-11)".
 
San Miguel arcángel es considerado el patrono especial del pueblo de Israel, como se dice en Daniel 12, 1. También ha sido nombrado patrono especial de la Iglesia católica, el nuevo pueblo de Dios del Nuevo Testamento.
 
Igualmente, es considerado patrono de los jueces y de los que ejercen justicia, pues se le representa con la balanza en la mano.

Además, por ser el capitán de los ejércitos celestiales en la lucha contra el mal y contra el diablo, es considerado patrón de los soldados y policías. También lo han escogido para patrono los paracaidistas y radiólogos y todos los que curan por medio del radium; pero es especialmente poderoso contra Satanás. Por eso, los exorcistas lo invocan como a un defensor poderoso.
 
Veamos un caso histórico en el que se basó la película El exorcista y que ocurrió en Washington, en el hospital de san Alejo, en 1949, de acuerdo a las investigaciones realizadas por la cadena de televisión norteamericana ABC.
 
El niño (no una niña) de unos diez años, era hijo de una familia luterana, que acudió a la Iglesia católica, buscando ayuda.
 
El padre jesuita James Hughes y otro sacerdote que le ayudaba, hicieron el exorcismo varias veces hasta que expulsaron al diablo.
 
El niño quedó liberado y vivió muchos años como una persona normal que, incluso, se casó y formó una familia. Los sacerdotes exorcistas vivieron también muchos años más y el diablo no se vengó de ellos, porque Dios no se lo permitió.
 
En la realidad, no hubo tantos fenómenos espectaculares juntos como aparecen en la película. Pocos saben cómo realmente ocurrió. El demonio, por medio de la voz del niño, dijo:

"No me iré hasta que sea pronunciada cierta palabra, pero el niño jamás la dirá. El exorcismo prosiguió y, de pronto, el niño habló con una voz claramente autoritaria y digna".
El niño dijo:

"Soy san Miguel y te ordeno, Satán, que abandones el cuerpo en el nombre de Dominus (Señor, en latín), ahora mismo".

Entonces, se oyó un sonido semejante a una gran detonación, que fue escuchada por muchas personas en el hospital de san Alejo, donde se realizaban los exorcismos. Y el niño poseso quedó liberado para siempre. El niño no se acordaba de nada, pero sí se acordaba de una visión de san Miguel, luchando contra Satanás. Curiosamente, ese mismo día y a esa misma hora en que salió el demonio, esa misma visión fue vista en la iglesia de san Francisco Javier por varios sacerdotes jesuitas, los cuales afirmaron haber visto súbitamente una intensa luz que iluminó el altar principal y la bóveda del altar, y en la que se veía a san Miguel luchando con Satán. Así terminó felizmente aquella batalla en el cuerpo del poseso: con la victoria de Dios por medio de san Miguel.
 
En caso de posesión diabólica hay que recurrir a María, rezando el rosario, usando agua bendita, el crucifijo y otros objetos benditos, pero también invocando a san Miguel.
 
En el Ritual de exorcismos se dice:

"Arcángel san Miguel, príncipe del ejército celestial, defiéndenos en la lucha contra los espíritus del mal en los cielos. Ven en ayuda de los hombres, a quienes Dios creó a su imagen y semejanza y rescató a gran precio de la tiranía del diablo. A ti te venera la Iglesia como su guardián y patrono, a ti te confió el Señor las almas de los redimidos para colocarlas en la felicidad eterna. Suplica al Dios de la paz que aplaste a Satanás bajo nuestros pies para que nunca más pueda mantener cautivos a los hombres y dañar a la Iglesia.
Presenta nuestras súplicas al Altísimo para que rápidamente vaya por delante de nosotros la misericordia del Señor y reduzcas a esclavitud al enemigo, la antigua serpiente, que es el diablo y Satanás, y una vez atado lo envíes al abismo a fin de que no seduzca más a las gentes.
Escucha Señor, la súplica de san Miguel arcángel y de todos los ángeles que te sirven: Dios de poder, repele la fuerza del diablo; Dios de verdad y perdón, aleja sus falaces asechanzas; Dios de la libertad y de la gracia, desata las ataduras del mal".

Es bien sabido que, antes del concilio Vaticano II, se decía, al final de cada misa, la oración a san Miguel arcángel. Esta oración uvo su origen en una visión del Papa León XIII en el año 1884. Vio al demonio desafiando a Dios, diciéndole que podía destruir la Iglesia y llevar al mundo al infierno, si se le daban 100 años para poder hacerlo. El Papa comprendió que, si el demonio no lograba cumplir su propósito, sufriría una derrota humillante. Y vio al arcángel san Miguel que se presentaba a luchar contra Satanás y los suyos en unión con los ángeles buenos. Después de esta visión, León XIII se encerró en su habitación y escribió la oración a san Miguel y mandó que se rezara en cada misa como un muro de contención contra el mal. Lamentablemente, fue suprimida esta oración con las reformas litúrgicas. Pero sería muy bueno que cada cristiano la diga, al menos en privado, para pedir la protección del santo arcángel en los momentos difíciles de la vida. La oración dice así:
 
"San Miguel arcángel,
defiéndenos del enemigo y ampáranos
de todas las asechanzas del maligno.
Que Dios te reprima, espíritu maligno,
y tú, príncipe de la milicia celestial,
arroja con el divino poder a Satanás
a lo más profundo del infierno
y también a los otros espíritus inmundos
que vagan por el mundo,
buscando la perdición de las almas.

William Wagner dice: Conozco una sicóloga, que trabaja en el apostolado de los drogadictos y prostitutas en las calles de Vancouver, Columbia británica, Canadá. Entre esos jóvenes está difundido el satanismo, pues muchos llevan su nombre o imagen en sus camisetas. En general, lo llevan porque creen que el diablo es un ser con poder. Ella les dice que mucho más poderoso es san Miguel que lo echó del cielo. Y les ofrece una medalla de san Miguel. Ellos la reciben con gratitud y comienzan a invocarlo y a recibir su protección.
 

APARICIONES DE SAN MIGUEL

Desde los tiempos de Jesús, los hebreos creían que san Miguel era el ángel encargado por Dios para cuidar las fuentes de agua que tienen efectos curativos. En la tradición, se le considera como el ángel que guió al pueblo de Israel por el desierto y le hizo atravesar el mar Rojo; también el que hizo que el agua brotara de la roca que Moisés tocó con su bastón para así calmar la sed del pueblo. En el Evangelio de san Juan, capítulo 5, se habla del ángel que movía las aguas de la piscina de Betesda y que algunos creen que era san Miguel.
 
El año 452, Atila con su ejército se presentó a las puertas de Roma dispuesto a conquistarla a sangre y fuego. El Papa León I consagró Roma a san Miguel arcángel y, después, salió al encuentro de Atila. Y ocurrió el milagro. Atila se alejó de Roma. Inmediatamente, edificaron una iglesia al arcángel san Miguel, que le fue consagrada el 29 de setiembre y desde entonces ese es el día de la fiesta de san Miguel. Después del concilio Vaticano II, se le añadió también la fiesta de los arcángeles Gabriel (25 marzo) y Rafael (24 octubre).
 
El culto a san Miguel estaba muy difundido en Egipto. Se sabe que en el siglo IV había un templo consagrado a él. La iglesia de Alejandría puso bajo su protección al río Nilo del que dependía la riqueza del país. Su fiesta la celebraban el 12 de junio, período en el que el río comenzaba a crecer.

En Constantinopla había una iglesia dedicada a san Miguel, edificada por el emperador Constantino. Se le llamaba Michaelion y se creía que el arcángel se había aparecido allí y obraba milagros.
 
Sobre esto, escribe mucho el historiador Sozomeno. Sozomeno nació en Palestina en el siglo V y vivió en Constantinopla como abogado y autor de varios libros de historia de la Iglesia. Él dice:
 
"Todos los que tenían grandes penas o tenían enfermedades incurables se acercaban al templo a orar y pronto se libraban de sus penas".
 
Los emperadores bizantinos, como refiere el historiador Raymond Jenin, edificaron varios templos a san Miguel, considerado el protector del Imperio. En Constantinopla y sus alrededores, había unos 16 santuarios dedicados al arcángel.
 
El cronista bizantino Johannes Malalas (491-565), autor del libro Cronografía, donde anotaba los hechos notables de su tiempo, hace muchas referencias a san Miguel con relación a los emperadores bizantinos.
 
Es conocido el hecho que cuenta san Eusebio en su Historia eclesiástica (IX, 9), donde informa que Constantino tuvo una visión en la Galia. Vio una cruz con la frase in hoc signo vinces (con esta señal vencerás). A raíz de esta visión, hizo preparar un estandarte con la cruz, y san Miguel lo llevó a la victoria. Parece que esta visión fue cierta, ya que parece del todo inverosímil que hubiese imaginado algo tan impopular en un ejército mayoritariamente pagano en aquel entonces. El año 313 dio el reconocimiento oficial del cristianismo en todo el imperio.
 
Durante el pontificado de san Gregorio Magno, en el año 590, una terrible peste estaba haciendo una horrible mortandad entre la población de Roma. El Papa ordenó que se hiciera una procesión penitencial desde Santa María la Maggiore. El mismo Papa llevaba una estatua de la Virgen durante la procesión.
 
Cuando llegaron al puente sobre el Tíber, oyeron cantos de ángeles y, de pronto, sobre el castillo de Adriano, que hoy se llama Castel Sant´Angelo (Castillo del santo ángel), se apareció el arcángel san Miguel. En su mano llevaba una espada. En esemomento, cesó la peste.
 
A santa Juana de Arco (1412-1431) se le manifestó el arcángel en diversas ocasiones, pidiéndole que tomara las armas para defender a su país. A los 13 años, comenzó a oír las voces del arcángel. En el proceso que le hicieron afirmó que la primera aparición fue de san Miguel.
Dice: «Lo vi con los ojos. No estaba solo, estaba en compañía de ángeles del cielo».
 
La voz del arcángel le enseñaba a comportarse bien y a frecuentar la iglesia. Pronto se unieron a san Miguel la visita de santa Catalina y santa Margarita. Con su ayuda, ella consiguió convencer al delfín para que la acompañara a Reims para ser coronado rey. También le dijeron que sería tomada presa. La quemaron viva a los 19 años. El proceso de rehabilitación tuvo lugar en 1455 por deseo del rey Carlos VIII y del Papa Calixto III.
 
San Francisco de Paula (1456-1508) tenía mucha devoción a san Miguel, quien se le apareció en una visión y le inspiró el lema de su Orden de los Mínimos que había fundado. El lema era Charitas (amor). San Alfonso María de Ligorio, fundador de los Redentoristas, era tan devoto de san Miguel que, en cada habitación de la curia episcopal, había puesto un cuadro de san Miguel y quiso que sus religiosos renovasen cada año sus votos en la fiesta de san Miguel.
 
En 1733, cuando san Gerardo Maiella tenía 7 años, un día, mientras asistía a misa, se acercó al altar para recibir la comunión, pero el sacerdote se la negó, porque era todavía un niño y en aquel tiempo sólo recibían la comunión a los doce años. El pequeño se quedó triste. Por la noche, se le apareció el arcángel y le dio la comunión.
 
San Pablo de la Cruz (1694-1775), fundador de los pasionistas, era un gran devoto del arcángel y lo nombró como uno de los principales patronos de su Congregación.
 
La beata Rosa Gattorno (1831-1900), gran mística italiana habla de que san Miguel era su ángel protector, y sobre ello nos cuenta:
 
«Mientras rezaba vi a mi arcángel san Miguel con la espada desenvainada en acto de defenderme… Él me confortó y desapareció. Quedé llena de fuerza y vigor y hubiera afrontado mil ejércitos.
Un día me encomendaba a mi ángel de la guarda y, más aún, a aquel que me dio mi Jesús, Miguel arcángel. Vi un grupo de demonios encendidos que se precipitaban unos sobre otros. El ángel Miguel los mataba con su espada, pero sólo figuraba el acto de esta matanza, pues en realidad no los tocaba… Después de medianoche, incendiaron la puerta de la casa. Salté de la cama hacia la ventana y mientras me ponía el velo, sentía que me sugerían cómo tenía que hacer y Miguel me decía: “Yo estoy contigo, quédate tranquila”.
 
"Otro día fui a comulgar, pues estaba muy mal en este mes de marzo de 1875. Estaba muy turbada, pero apenas lo recibí en la comunión, lo vi a mi lado. El ángel Miguel, junto conmigo, hacía el agradecimiento y con las manos juntas adoraba a Dios".
 
"¡Cuánto sufrí en mi viaje a Roma! No sé cómo expresarlo. Era tal la rabia de los espíritus infernales que sólo mi ángel san Miguel los podía retener… Mi ángel Miguel los echaba con la espada desenvainada. Se fueron lejos y no los vi ni los escuché más".
 
El santo Pío de Pietrelcina (1885-1968) era muy devoto de san Miguel. Por eso, muchos autores creen que fue él quien se le apareció el 5 de agosto de 1918. Dice:

«Me vi ante un misterioso personaje con una larguísima lanza bien afilada, de la que parecía salir fuego de la punta».

En el tercer secreto de Fátima, dice Lucía:
«Hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora, un poco más en alto, un ángel con una espada de fuego en la mano izquierda». Muchos los identifican claramente con san Miguel.
 
Cuenta la beata Ana Catalina Emmerick (1771-1824) en sus
Revelaciones:

«He visto la iglesia de san Pedro (Roma). Sobre ella resplandecía el arcángel san Miguel vestido de color rojo, teniendo una gran bandera de combate en las manos. La tierra era un inmenso campo de batalla. Los verdes y los azules luchaban contra los blancos: éstos, sobre los cuales había una espada de fuego, parecían que iban a sucumbir.
»El arcángel descendió y se acercó a los blancos. Lo vi delante de todos. Ellos cobraron gran valor, sin saber de dónde les venía. El ángel derrotó a los enemigos, los cuales huyeron en todas direcciones. La espada de fuego, que estaba sobre los blancos, desapareció. En medio del combate, aumentaban las filas de los blancos: grupos de adversarios pasaban a ellos y, una vez, se pasaron un gran número. Sobre el campo de batalla había en el espacio, legiones de santos que hacían señales con las manos; diferentes unos de otros, pero animados del mismo espíritu»"
 
Nos dice santa Faustina Kowalska (1905-1938) en su Diario:
 
«En el día de san Miguel vi a este gran guía junto a mí, que me dijo estas palabras:

“El Señor me recomendó tener un cuidado especial de ti. Has de saber que eres odiada por el mal, pero no temas. ¡Quién como Dios!”.
Y desapareció. Sin embargo, siento su presencia y su ayuda».
 
Durante la primera guerra mundial hay un hecho bien documentado. En Mons (Bélgica) se aparecieron a los soldados en el campo de batalla muchos ángeles. Los aliados estaban a punto de sufrir una terrible derrota y pudieron ganar la batalla. Los soldados británicos afirmaban haber visto a san Jorge y lo describían como de cabellos rubios y armadura dorada, montado en un caballo blanco. Los soldados franceses aseguraban que era el arcángel san Miguel, cabalgando en un caballo blanco. Después de la guerra, los alemanes brindaron su visión de la historia. Los soldados de caballería afirmaron que sus monturas se negaron, de repente, a perseguir al enemigo. Y dijeron que las posiciones aliadas, a las que atacaban, se hallaban defendidas por miles de hombres, cuando en realidad sólo había dos regimientos.
 
Unas religiosas me escribían:
 
«En nuestra Comunidad se profesa gran devoción a los ángeles, en especial, a san Miguel, al cual se atribuye la asistencia milagrosa durante la invasión francesa de 1648. Todos los templos, conventos y casas particulares de la ciudad fueron saqueados y robados, menos nuestro convento. Varias veces lo intentaron; pero, al quererlo ejecutar, aparecía un hombre de aspecto hermoso, alto de estatura, que con una espada en la mano, defendía la puerta de entrada.
»Las religiosas creyeron que se trataba de algún oficial francés, pero cuando quisieron buscarlo para agradecérselo, no se halló a ninguno que diese noticia de tal capitán ni que hubiera hombre con tales señales. Por eso, se creyó que había sido el arcángel san Miguel, patrono de la Comunidad, del que hemos recibido muchos insignes beneficios. Hoy tenemos su imagen en destacados lugares de la casa. También tenemos devoción a nuestros ángeles custodios y al santo ángel de la ciudad.»
 
Durante la guerra de Corea, tuvo lugar un acontecimiento extraordinario. Un soldado americano, de nombre Miguel, experimentó palpablemente la ayuda de su patrono, a quien tenía mucha devoción. Un día de invierno hizo un recorrido con su patrulla. En cierto momento, se alejó de sus compañeros y vio a un soldado nuevo, a quien dijo:

"-No te conozco, pensaba que conocía a todos los de mi compañía.
-Soy nuevo, apenas llegado, me llamo Miguel.
-Yo también me llamo Miguel.
Estaba nevando y subieron a una colina. De pronto, aparecieron 7 soldados comunistas. Estaban a unos 40 metros.
-A tierra, le gritó el nuevo Miguel.
-Pero Miguel había sido alcanzado en el pecho. Después de eso, lo único que recordaba era ser llevado por unos brazos fuertes. Cuando estuvo seguro, vio al nuevo Miguel radiante de gloria y la cara luminosa como el sol, con una espada en la mano, que brillaba con miles de luces. Después, se desvaneció.
Los otros compañeros llegaron, lo ayudaron y le curaron la herida. Y él preguntó:

-¿Dónde está Miguel?
 
Pero no había otro Miguel y nadie lo había visto. Sin embargo, aquellos soldados comunistas habían quedado muertos sin que él les hubiera disparado.
 


Fuente:
P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.



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